domingo, 24 de febrero de 2008

Perdoname... perdoname.

Analizando anécdotas como si se tratase de imágenes impresas con sentimiento, te pienso. Observo tus sonrisas, mientras acaricio tus mejillas tan sólo con percibir cómo llora el mundo, entre aquellos suplicios exhumados de seres exánimes, ¿Dónde estás, mi Dama? Escucha los siseos que mi todo grita por ti; me pregunto, ¿Cómo podría encontrar redención, del error que cometió el egoísmo de mi corazón?

Posa tu mano sobre mí, ¡Siente la fragilidad con la que me mantengo con vida! ¡Ven! Otórgame la brevedad de algunos instantes, sé que es tarde para postrarme en la ilustración que representan mis líneas para ser perdonada, pero… mi sentidos no conocen el tiempo, sólo padecen bajo el regazo de cientos de letanías cantadas por el letargo de tu ausencia. ¡Regresa! Recae de nuevo, sobre el regazo de mis brazos, permíteme articular el caudal de tu llanto, pues, he de ser el sendero delimitado por tus suspiros, ya que entre palabras… entre efímeros centímetros, trato de aproximarme a ti, con el propósito de agasajar lo que parece extenuarse entre la distancia, y las pésimas decisiones tomadas. ¡Perdóname!

Imposible de aceptar es el hecho de no saber de ti; ¿Cómo estás? ¿Qué disfraza la elocuencia de tus palabras? Por ello, me limito a, de forme leve y breve, tener la osadía de hacer estas letras cuán destajo de sentires tersos. Confieso que me arrepiento; más, no fui capas de hacerlo a tiempo; ¿Por qué te cuesta tanto entender, mi querido pétalo? –Una ráfaga de viento irrumpe nuestra inercia–, ¿Eh? ¿Escuchas lo que nos dice el silencio?

Mis músculos se tensionan. Empiezo a respirar con tanto ímpetu que mis brazos optan por desafiar el revoloteo de los pájaros, al buscar de forma poco usual, el calor con que vistes la perfección de tu ser.

“Mis trémulos dedos, mientras trascendentales instantes desgajan la veracidad del tiempo, no hacen más que buscar confort sobre éstas gélidas teclas, con las que mi tacto no crea frases sin que hallan sido dedicadas previamente a ti, en presencia de todo encanto que ose frecuentar la belleza de tu tez”.

Permíteme expandir los horizontes de tus te quiero. Entre mis palabras empiezan a desencadenarse, metáforas de lascivias pasadas, pues, ¿Podría algo con mayor deseo para alguien plasmar? Escucha los esbozos de tus gestos, quienes padecen en su propia ironía.

–Shh. Shh–. ¡Siénteme! ¡Perdona lo ineludible! –.

Huyes. Tal comportamiento no me extraña; más, sin otra opción, te busco. Son tus pasos, heridas; tus suspiros, hilos argentados de recuerdos, ¡Instantes perfectos!

…Es tarde. Es tarde para en suplicas mi voz desgajar. Perenne es el agobio que carcome cada recoveco eclipsado bajo el brillo de tu rechazo, ¿No ves como extingues los despojos de mi cuerpo? – ¡No me mates! No tu, portadora de estos versos–.

Sujeta mi mano. Acompáñame a la cuna del alba; aquel manto seducido por el roce de tu cuerpo; sonríe, permíteme acunarme en los vestigios de tu felicidad, desterrando de cielo… todo destello que pretenda opacarte. Irrumpiendo, energúmena y titilante, corrompes tanto lo que puedo sentir, como aquello que, con palabras, deseo disfrazar: el desdén de tu presencia.

–Perdóname… perdóname–.

sábado, 9 de febrero de 2008

(...) Y te tuve, entre sueños...

Fecundo sensaciones sobre éstas teclas, entrelazando sentires con anécdotas. Es imposible exhumarte de lo que deseo, pues, por más que lo intento no logro hacerte menguar entre mis anhelos. Escucha cómo melodías se encargan de amoldarse al pulso de nuestra existencia, tal y como gotas de agua acompañan al alba. Luchando contra la monotonía a la que sujetas la miseria de mis líneas, describiéndote efímeros sentires, acoplo la bajeza de tus actos a aquella quimera que carcome mi razón.

Llueve. El tiempo, efigie de llanto, empieza a entrecortar tantas gotas del lluvia como segundos entre rosas, con sus hálitos puede marchitar; me pregunto, ¿serán sus hálitos el producto de mi decadencia? Ya que en un suspiro elevo cientos de pétalos, en suspiros exhorto de lo prohibido sentires que me son ajenos…sólo, en suspiros hago libérrimos mis sentidos. Prorrumpidos instantes son dedicados al candor de tus labios, a aquella efusión de pasionales roces. No oses ausentarte mucho, ni callar demasiado, pues, padecerás en la letanía a la que te condenarán estas líneas entre energúmenos placeres, tan ígneos como aquello que hace maltrecho a lo mutuo de nuestros sentimientos, distancia.

Limpia toda impureza que mis labios dejaron sobre tu piel. Obstruye la prolongación de mis recuerdos sobre el sortilegio que representa para mi, tu cuerpo, entre tantos ornamentos tan irónicos como la benevolencia que tratas de emanar, al de tu boca mentiras liberar. – ¡Únete a la traslucidez de la lluvia! –. Disfraza tus personalidades al teñirlas de algún tenue ocaso con el que has de inmacular la imponencia de tus crueles actos; vístete de mí… pues, entre tantos recuerdos, he de ser aquello que protege tu ornamentado cuerpo de la marginación del tiempo.
He aquí, el prólogo de aquellas metáforas que encierran el dolor con que levemente te plasmo la ficción de nuestro posible encuentro… entre sueños.

*********

Detallando cuán fugaz es el tiempo al pensarte, me encuentro; mientras los recuerdos parecieran ser proyecciones en mi entorno, ya que la esquizofrenia de tu ausencia ha exiliado de mi vida la sensatez. Escazas gotas del cielo descienden sin oprobio alguno, tal parece que he logrado enmendar con olvido el error que al probar tus labios he cometido por millonésima vez.

Te he conocido entre lúgubres días. Tantos segundos desperdiciados parecían ser el luto guardado por el tiempo como respeto al mortuorio deceso de aquel a quien con lágrimas se planeaba sepultar, ¿habrá muerto algún ángel? –me pregunto. Inhibo una sonrisa e inicio mi trayecto-. Me topo con innumerables conocidos; tantas sonrisas… ¡Tantas mentiras! Hace frío, mi cuerpo empieza a sucumbirse ante las fuertes brisas con las que el viento pretende marginarme. Acelero mi paso. De nuevo, tantas caras me son familiares, pero… todas mantienen con firmeza la indiferencia que ha de otorgarles dotes sociales; ¡Seres repudiables! En medio de mi afrenta, mi paso flaquea, pierdo la vehemencia que tanto caracteriza mi independencia; enceguecida, sólo logro observar, a pesar de mi obstrucción visual, un singular perfil caudal de lágrimas, pues, aquella Dama, bajo el regazo de un paraguas mantenía el baño de plata con que inmaculé tanto su cuerpo como la belleza que merodea en la fragilidad intangible de su rostro; mis ojos se vieron extasiados… a su vez, libres de todo estorbo, en los brazos de aquella mujer quedaron al percibir la delicadeza de su tacto. Mis mejillas buscaron acunarse en su protección, hasta llegar a sus hombros y extinguir allí toda pena. Entre tanto arrobo encontré paz. Pensé que mi reacción le sería inhóspita pero, continúo sonriendo y, tomadas de manos, dimos unos cuántos pasos hasta alcanzar un frondoso árbol donde nos sentamos. Convaleciente, le pregunté su nombre, en un hálito acompañado de una de sus interminables sonrisas respondió, Lenore. Suspiré y recaí nuevamente sobre su hombro, dormida bajo la humedad que transitaba en la atmosfera de aquel árbol.

– Mi querida Lenore, espero aún lo recuerdes. Ten presente ese instante como una de las tantas penas que ante ti son dignas de devoción–.

El viento, alimentaba mis delirios al juguetear sigilosamente con tu cabello; aquel hilar envuelto en indescriptibles aromas. Ante tan majestuoso momento, sólo me limité a acariciar la timidez de tu rostro, acoplando la presencia de mi tacto sobre tus labios, los que temblorosos, pronto, se verían acompañados por los míos. Tus mejillas, sonrojadas, ávidas de caricias me llamaban. Tus labios, exaltados emitían siseos entre murmullos que dictaban te quieros sobre el terso silencio, atados a deseos. ¿Fue gracias al frío tan bello instante? ¿O en realidad mía querías sentirte?

– ¿Recuerdas tus ansías, musa de mis anhelos? No ocultes aquella respuesta que atrapas en gemidos, pues, sabes que cada uno de ellos, son producto de las innumerables sensaciones que forjé aquella tarde sobre tu piel. ¡Sonríe, mi querida Lenore… sonríe!–.

Palpitantes se encontraban nuestros cuerpos, sucumbidos por la inoportuna presencia del frío. Nos abrazamos buscando en ellos aquel calor digno de pasión. Calladas permanecimos cobijándonos en el argel de nuestra timidez, esperando que alguna palabra rompiera la inercia que nos inhibía. No pude evitar acariciarte. De nuevo, mis manos se amoldaron a la perfección que se pasea sobre tu cintura. Mis labios se acunaron en tu cuello, y fue allí donde plasmé uno de mis tantos hálitos, manifestándote cómo entre silencio te amo. Tú, sólo fijaste la intensidad de tu mirar en mí, de forma tan provocativa que, en la efusión de nuestros sentidos, logré hacer de la dedicatoria de tus besos, mi mayor secreto… hasta este momento en el que confieso cuánto aún te pienso.

– ¿No padeces esta letanía, en la secuela de mi ausencia? ¡No mientas, acepta tu decadencia!

¡Regresa, mi Lenore! Regresa, sálvame de estos extraños momentos que imploran vestirse de ti, bajo el resplandor que se blasfema con las mentiras que nos marchitan, en la bajeza que profana despectivamente a la vida. ¿Cuál es el motivo de tu ausencia? ¡Confiesa! no te des la vuelta. Detalla la enerve fuerza con la que brotan mis palabras desde aquel tórrido y fúnebre ambiente en el que padecen mis recuerdos. ¿Por qué no regresas, mi querido verso? –.

De forma tan perfecta, desee conocerte; y tan majestuosamente, mía entre caricias hacerte. Duras palabras colapsaron con la intensión de mis tersos besos; pues, nada más querían estos que, acunarte en su protección, para argentar la calidez de tus labios en su regazo, como si tuyo fuese este ocaso en el que junto a ti, mis actuales anhelos han de morir.

Marchitas mis ansias con el alba que representa aquella benevolencia que yacía en tus palabras. Tal rocío, fue marginado en los lamentos de alguno de tus tantos suspiros; – ¿Por qué asciendes mientras te espero? ¡No te marches, Lenore! –.

Cientos de perspectivas de mi mente fueron despojadas, con la misma veracidad con que pretendía confesarte cuánto deseaba que aceptaras, la fragilidad que desembocaba en la metáfora de aquella paradoja de sensaciones que me dedicabas. Nuevamente, preferí soñar que desprestigiar todo aquello que siento y deseo, en tan efímero momento.

Numerosos destellos penetraban la desolada presencia de nuestros cuerpos, a pesar del espesor de aquellas ramas que comprimían, el inoportuno traslado de pétalos tan marginados que, tan sólo con ser palpados, podría percibirse cuán adustos han de sentirse; ¡Pobres seres! Hojas secas danzaban en el viento, como si se tratase de tu liviano cabello, ornamentando con aromas, la esencia de dicho entorno. Mis pupilas, titilantes, imploraban cubrirse bajo el resplandor que, impetuosamente, osaba opacar la tenue luz del sol, al ser irrumpidas por tu belleza. Estupefacta, admirando la perfección que ha trazado la silueta de tu cuerpo, en compañía de la creación de la sinfonía de tu voz, sollozante ante ti, postrada en lamentos caigo; el cetrino silencio que mora en tal sepulcro, se opone a mi consuelo al evocar de aquella gloria, que representa tu boca, gélidas palabras que ya en sueños me habían sido profesadas. – ¡No calles, mi Dama! Omite tal eco de prorrumpidos siseos, y entrégate a la simplicidad de nuestros pensares y anhelos –.

–––No logro escucharte. No logro percibirte. ¿Dónde te encuentras, mi Lenore? Pues, no comprendo cómo aquello que de ti yace atrapado en el tiempo, permanece tan absorto en lo inerte… deliberando tus delirios–––.

Tan agobiante indiferencia parecía retornar la extinción de aquella quimera, llevándonos a los suburbios de lo que se considera prohibido… pues, delineando con mi tacto senderos sobre tu cuerpo, en la inexistente realidad me pierdo; ¿Ausentarás tus caricias en mi devoción? ¿Abandonarás el caudal de mi pasión?

Escazas son mis palabras… espero, te sean gratas, mi Dama. Fecundo para ti éstas líneas desde el candor que emana la presencia de tus plácidos recuerdos, en la breve instancia con la que me regocijo al sentirte en las caricias del viento.

– Aún me deleito con la danza de tu cabello, acoplada a la inherente comparación que te hacía sumisa a ser tan elegante y bella, como candentemente brillosa es la Luna; efigie de ángel caído. Aún, entre pesares y sueños, eres mi Plectro… Musa de mis lamentos –.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Lugubre Romance

Nostálgicas melodías traen consigo el recuerdo que me hace pensar en tu ausencia. La transparencia de la verdad me hiere, mientras los minutos que sin ti paso me consumen en medio de la soledad que me hace prisionera a la añoranza y, al tormento de no tenerte a pesar de que mi todo grita por ti, y, padece por ti…

¡Mírame!, represento los restos de aquello que el tiempo al acoplarse a la distancia mató. Sobreviviendo en líneas y plasmándote mi sentir en las mismas, tratando de expresarte levemente cuanto he de desearte, mientras que desolada en los suburbios de lo ajeno me encuentro anhelándote.

He de llorar por ti, por el hecho de aceptar que lejos de mi estás. Con éstas lagrimas he de argentar tu nombre en mi memoria, logrando hacer de el, algo que ni el tiempo podrá olvidar, pues, protegida bajo el regazo de mi ser osarás estar.

Mi llanto es acompañado por el consuelo que la madre luna nos proporciona mediante el llanto con que en silencio la noche lava lamentos en los que al recordar la mortalidad solemos ensuciarnos, al soñar realizar nuestro último deseo mortal.

Bajo la lluvia, contemplando la belleza que irrumpe en el cielo al pensarte, me percato que un ser vagante, sin rumbo ni cuerpo, yace atrapado en el viento. Llena de miedo y sentires bellos, me acerco. El viento toma la forma de tu cuerpo, mientras el silencio de forma inhóspita se atreve a robar aquello con lo que de manera extraña, haces de mi dolor algo tan bello como el llanto que tu recuerdo en mí liberó, tu voz.

Estupefacta, me limito a tan sólo suspirar, mientras me pregunto si esto es real. Me acerco a dicho ser, esperando que al acariciarle, logre sentirte allí. Pero, en medio del sigilo de la eterna noche, un susurro te aleja de mí, llevándote de nuevo al lugar en que los sueños comparten lo que solo suya hace la realidad.

Camino, siguiendo los pasos que deja la decepción. Pasos cuya huella fue creada con desespero y desilusión. Aquel sendero plagado de sentimiento, ha de llevarme a un bosque fúnebre y sombrío. En su entrada, yace una lápida en la que forjado con sangre, presumo está mi nombre.
Tal verdad, me obliga a pensar que solo vivirás en mis sueños, mientras yo, en los tuyos renaceré junto a las sombras que de tu lado me separan entre la distancia.

De nuevo, aquel espíritu se incorpora en el viento. Esta vez, logró inmutar mi cuerpo, y obligarme a verte como algo ajeno. Mientras rompes los lazos que dividen a la realidad de la ilusión, y al sentimiento de lo cierto, te posas frente a mí, ¡trato de ser inmune ante ti!, < ¡No puedo! >, ---Grito. Cayendo postrada frente a ti y, a la lúgubre verdad de que no estás---. Tú, sin aún comprender, te acercas a mí, borrando toda marca dejada por el tiempo, mientras logro sujetar tu cuerpo, consiguiendo rosar nuestros labios, dando lugar a la fecundación de algo proveniente de la lujuria, haciéndote tan mía como ajena, y tan real como el beso que tu prisionero como mensaje me da.

Sumergiéndome en el éxtasis que irradia el pudor de tu suave piel, te miro, esperando dibujarte en mi mente, con tanta delicadeza como con la que mi imaginación logró crear algo tan perfecto como tú; Mi eterno delirio…

Eres…aquella cálida brisa que al humedecer mi impura piel, ha de transformase en el elipsis soñado por seres mortales, vistiéndome de plata al bañarme del bronce con el que el cielo se disfraza al irrumpir en nuestros sueños...

¿Qué eres? -me pregunto en silencio-, tal vez solo seas una verdad atrapada en lo irreal, una verdad condenada a, sin razón alguna, en sueños vagar, obligándome a seguir el rastro de aquellas lagrimas que reposan en lo inerte haciéndote inalcanzable. -Prefiero pensar que mi ausencia es lo que prohibida te hace ser-, así que, de igual manera, he de condenarme a vagar…en busca de ti; mi amor prohibido.

-¡Vago en sueños, mientras vivo de tus recuerdos!-.

Así que ahora me pregunto, ¿He de pecar, al entregar mi sentir a algo que no siempre estará para mí?, o si ¿Este es el precio que hay que pagar, por un bocado digno de mortales, al besarte? Dime ahora si entre sombras podrás ser mía. Mientras hago de ti; de tu cuerpo y de tus labios, mi fruto prohibido… mi perdición, aquello que me condena a buscar perdón en medio de la distancia y tu olvido.

Nostalgica Despedida

Bautizas un veredicto basado en la destrucción, con la palabra gloria. Martirizando la identidad de la falsa verdad que como aurora rodea tu ser, apaciguando toda virtud existente, haciendo de ella en quienes la poseen, su peor defecto al brotar de su voz, para revocar aquello que recóndita y llena de lamentos la han de torturar en la mísera y vana “gloria” del desconsuelo creado por tus arcanos sentimientos yacentes en lo prohibido. Evocando del exilio, aquello que creía haber perdido entre tantos sueños, entre tantos pensamientos…entre recuerdos que destierro de lo que quiero, pues, sólo son sueños, ya que no te tengo… no podré tenerte más.

En mi mente. Mientras contengo la fuente de llanto que libera mis impurezas, recito aquello que acabo de describirte levemente, tratando de decirte el grado con el que me hieres, al obligarme a de forma tan inoportuna y extraña, despertar de este sueño, y matarlo con el baño de oro en el que fallecen toda ilusión al sentir aquella brisa, creada entre los destellos que son irradiados durante el ocaso del amanecer, destellos tal vez de luz, tal vez de sentimiento, al desterrarte de aquel lugar en el que bienvenida, libremente podrías pasearte frente a mí, y manipular lo más bello que podría guardar y, sentir; solo por ti.

Esta vez, la resignación logró vencer mi dedicación, ya que contra la elocuencia de tus palabras no puedo luchar, y la sensatez de mi sentir me impide pedirte que oses retornar de la decisión que acabas de tomar.

Me pregunto, cómo puede ser tan hermoso, percibir aquello que anuncia el fin de algo tan genuino, al inducirte al lugar olvidado de tu sentir, sumergiéndote en la nostalgia, sin poder salir de ella, sólo naufragando sin cesar dentro del mar de lamentos que el cielo llora al percatarse de que pronto, te ausentarás. Mientras las olas que yacen bajo aquella espesa gama de niebla, profanada de suspiros y sentires prohibidos, inmuta aquella fragilidad que con vida mantiene mi cuerpo al caer sobre mí y desgajar deliberadamente mi piel, como si esta fuese tela y, el viento, con la frialdad de desconsuelo, empieza a deshilar aquellos trozos de tela, con la misma rapidez con que el tiempo desgarra mi sentir, al decirme que no estarás para mí.

Algo hay de ti en mis recuerdos, que hace que mis noches sean eternas, al irrumpir inhóspitamente entre los pensamientos que nacen en mi desvelo, pero, no entiendo por qué aun te quiero, mientras que tú silencio y desconcierto, destruirán todo lo que yo, por ti he llegado a sentir.

La nostalgia que corroe mi percibir, al decirme que pronto habrás de partir, se apodera de mi cuerpo, haciéndolo ajeno al movimiento. En tus recuerdos me pierdo, mientras que en tu olvido, extingo el tiempo que pronto te llevará consigo.

Mis manos, a pesar de que se limitan a tan sólo palpar estas teclas, aclaman sentir de nuevo la sensación de tu cuerpo, la forma en la que solían amoldarse a tu cintura; y, la razón que las obliga a desearte.

Cómo podría despedirme de ti; mi anhelo revivido entre esto, que al terminar parece solo un mal sueño.

Cómo podría dejar de sentir. Dime, mi querido ser de ensueño; ¿Cómo podría yo, hacer eso? si mi defecto me condena a sentirte… sólo a eso.

Con un beso cello éstas líneas, mientras que con deseos trato de borrarte de las mismas, a pesar de que sé que, tu recuerdo vivo y latente, inhibido permanecerá, esperando algún día poder despertar.

En compañia del silencio

Desconozco esto que al pensarte he de sentir. El anhelar escucharte decirme libremente lo que sientes, empieza a ser, sólo un sueño más.


Tu voz, hermosa se torna al llamarme. He de sentirme caer en ti al percibirte, pero, me pregunto si te sueño, o fue real este bello beso, pues, la dulzura de tus labios osa complacer mis deseos, mientras mi tacto se amolda en tu cuerpo y, mía te siento.

Como quisiera lograr sucumbir tus sentidos, para liberar aquello que me mantiene sujeta a ti, tu voz, de un mortuorio destino en medio de la opresión del silencio.

Atrapada en mis anhelos, solo te pienso, mientras detallo aquella belleza con la que vistes al despertar, haciéndome prisionera del recuerdo, y esclava del tiempo que me aleja de ti.

Tú, eres aquella quien irrumpe en mi oscuridad. Tan sólo con regalarme una sonrisa, con palabras… la haces mía.

Con delicadeza, en un beso a ti me entrego, saciando toda mi sed con tus labios; dando lugar en mí, a una nueva adicción llamada amor. Así que me detengo a preguntarte, ¿Osas convertirte en mi perdición, al sumergirte en la lujuria de mis líneas, amada mía?

Te otorgo silencio, pues, he de callarte con un beso. Mientras consigo encontrar aquel regazo que me acobija bajo su protección, en ti.

Te quiero, y lo grito mediante estas líneas, a pesar de que me soborna el silencio, ofreciéndome conservar dentro de sí, mis más oscuros secretos. Secretos como los que ángeles se atreven a ocultar bajo el resplandor de la luna.

Intrigada debido a todo esto, una nueva pregunta me he cuestionado -¿Acaso, hemos de heredar el pecado de ángeles con deseos carnales, al renacer entre la inmortalidad?-.

En un mundo fuera de lo real, han de desatarse preguntas tan abstractas como su procedencia. Pero, de forma extraña, en el te veo, sonriendo, en compañía del silencio.