http://cicutaomaleza.blogspot.com/
lunes, 5 de mayo de 2008
Ladrona y Asesina
http://cicutaomaleza.blogspot.com/
domingo, 27 de abril de 2008
Dia 326
La lluvia, parece ser sólo la efigie de sarcásticos recuerdos; pero, permanezco inherente a dicha flagelación constante en el pensamiento. Atiborrabas mi cuerpo de besos; arrancabas de mi piel aromas ajenos, dejados por el confort emanado por seres ajenos a la imperfección de éste; vislumbrabas miradas llenas de quejidos en el ofuscado brillo de mis ojos, me pregunté una y otra vez: ¿placer o dolor?, ahora, solo indagaba entre los senderos sinuosos que me obligaban a recorrerte entera, haciéndote mi pesquisa obsesiva.
Sigues siendo la ferviente que ornamenta la escasez de mis líneas, ¿Por qué? -¡Ja!-, no hago más que tomar trozos de algún argén para tallar en él unas cuantas anécdotas, mientras converso con la inexistencia de relevantes palabras previamente dedicadas.
Tenues destellos sumían fragancias tangibles, no tolerábamos un segundo más de abstinencia. Te posaste sobre mí; entre fallecidas lascivias verbales socavábamos caricias, tu cuerpo empezaba a bañarme con su pudor mientras vestía la desnudez que habías dejado en él; saboreabas el rocío que desembocaba sobre mi vientre; recitabas sobre cada poro tus más perversos anhelos, erizando mi piel, ¡cuán extasiada!, mi cuerpo se sucumbía; la vibración de nuestros labios resonaba en aquel vacío estridente, al unísono del silencio cóncavo de gemidos muertos en la lejanía.
Con tu mano izquierda, acariciabas mi rostro acallando mis trémulos sentidos, adentrándote en el espesor casi impenetrable de mis pupilas, musitándome –eres mía-.
De pronto, congelando esa instancia en otra perspectiva de la inconsciencia, mis tejidos lozanos, se funden sobre el candor que te envuelve...
- Así recuerdo sentirte. Así la brevedad de éste relato, crea estragos en las voces que a menudo, como te lo he comentado, me orientan-.
--¿Era esto lo que deseabas? ---Dices sonriente y exaltada.
Te observo, me detallas totalmente exacerbada. Bruscamente, estrujo la sensualidad de tus pechos con la calidez que merodea en mi boca. Gritas. Te estremeces.
No escuché voces, solo tus suspiros y el arrobo que impregnaba de humedad aquellos carmesíes tersos.
- Han pasado 326 días, durante centenares de noches las estrellas han tratado de rasgar la pureza del cielo, buscándote-.
326 días, mi cama esparce tu aroma en toda mi habitación; empiezo a alucinar. Esta noche, duermo. Encarno de nuevo, otro recuerdo de lo que, me gustaría, fuese cierto: renaces, realizas un recorrido ascendente con tus manos desde los indicios de mi abdomen, seguido de aquel hálito que trasmuta mi inercia al empañar tus rastros; alcanzas mis senos, los atrapas. Creas un lenguaje que sólo entienden las extremidades exaltadas de mi cuerpo aún danzante en medio del ritmo fugaz de tu voz; ¿en realidad eres dicha melodía? ¡Que sublime!
Empapada de sudor, despierto agitada. Miro a mi alrededor, no te encuentro. Desconcertada destajo algunas sonrisas plagadas de mentiras que osan decirme que, jamás has sido mía. Tan profanado entorno empieza a adornarse con lúgubres percepciones, que al igual que todas, añoran ser el vociferante de tu nombre.
- ¿Cuántas lunas he pasado esperándote?- ahora, conversaré con aquel desacuerdo perenne sobre el silencio. Sólo una canción se acopla a esto, mientras en mi soledad… grito que sin ti padezco.
Repito. 326 días. Centenares noches. Espasmos que corrompen aquel letargo que ocultas tras constantes reproches.
miércoles, 26 de marzo de 2008
Relegada de ti.

Anhelante o furtiva. Soñadora o noctívaga. ¿Qué podré ser? Relegada de mi devoción... relegada de ti.
--------------------------------------
Flagelada en tu ausencia, tratando de divisarte entre las estrellas...
Espero plasmar, de nuevo, lineas verosimiles y vehementes... tratando de relegar la secuela que ha dejado en mi, su ausencia. Hasta pronto... ^.^.
martes, 18 de marzo de 2008
Rolf Carlé. --Un poco de Isabel Allende--
Tú piensas en palabras, para ti el lenguaje es un hilo inagotable que tejes como si la vida se hiciera al contarla. Yo pienso en imágenes congeladas en una fotografía. Sin embargo, ésta no está impresa en una placa, parece dibujada a plumilla, es un recuerdo minucioso y perfecto, de volúmenes suaves y colores cálidos, renacentista, como una intención captada sobre un papel granulado o una tela. Es un momento profético, es toda nuestra existencia, todo lo vivido y lo por vivir, todas las épocas simultáneas, sin principio ni fin. Desde cierta distancia yo miro ese dibujo, donde también estoy yo. Soy espectador y protagonista. Estoy en la penumbra velado por la bruma de un cortinaje traslúcido. Sé que soy yo, pero yo soy también éste que observa desde afuera. Conozco lo que siente el hombre pintado sobre esa cama revuelta, en una habitación de vistas oscuras y techos de catedral, donde la escena aparece como el fragmento de una ceremonia antigua. Estoy allí contigo y también aquí, solo, en otro tiempo de la conciencia. En el cuadro la pareja descansa después de hacer el amor, la piel de ambos brilla húmeda. El hombre tiene los ojos cerrados, una mano sobre su pecho y la otra sobre el muslo de ella, en íntima complicidad. Para mí esa visión es recurrente e inmutable, nada cambia, siempre es la misma sonrisa plácida del hombre, la misma languidez de la mujer, los mismos pliegues de las sábanas y rincones sombríos del cuarto, siempre la luz de la lámpara roza los senos y los pómulos de ella en el mismo ángulo y siempre el chal de seda y los cabellos oscuros caen con igual delicadeza.
Cada vez que pienso en ti, así te veo, así nos veo, detenidos para siempre en ese lienzo, invulnerables al deterioro de la mala memoria. Puedo recrearme largamente en esa escena, hasta sentir que entro en el espacio del cuadro y ya no soy el que observa, sino el hombre que yace junto a esa mujer. Entonces se rompe la simétrica quietud de la pintura y escucho nuestras voces muy cercanas.
Cuéntame un cuento -te digo.
-¿Cómo lo quieres?
-Cuéntame un cuento que no le hayas contado a nadie.
Rolf Carlé.
--------------------------------------
domingo, 2 de marzo de 2008
Como tizones. (perdoname 2da parte)
¡Abrázame! Funde tu cuerpo sobre el fervor que hace latir por ti, la sinuosa pesquisa de mi corazón, ¿dónde estás? ¡Contesta! Entre el desdén creado por el oprobio de mi engaño, miro al cielo y solo diviso en él, el ocaso de nuestros labios; ¿serán míos cuando logre decirte cuánto te amo? Extingue mis lágrimas, regresa… ¡Regresa!
Esta noche el viento relata nuestra historia, espero que sus palabras logren palparte, pues, son caricias que mis manos, trémulas, desean sobre tu piel esparcir. Confitemos nuestros sentidos, extasíame con tu voz… canta, ¡Canta! Haz del viento algún vestigio esbozado con lástima. Atiborremos nuestros cuerpos con besos; seamos la faena incipiente del fuego, ¡cuán fragua de deseos! Mientras acoplamos cada recoveco… cada sendero, plagado de calidez, sobre aquel vendaval alocado de sueños: tu piel, la fragilidad que argenta la belleza de una rosa, al pedirte que te inmacules de tal forma en mi memoria.
Como tizones ante las brasas ardientes del averno, ¡unamos nuestros cuerpos! Perdóname. ¿Por qué te cuesta tanto, otorgarme el candor que purifica tus manos? Eres la necesidad de mi tacto; aquella Deidad, que hace de mis líneas cuán libérrimo hálito de seres exhumados de su propia quimera entre encantos. Permíteme escuchar las cantatas que emites, mientras mientes al decir que eres impasible; tan sólo, corresponde este tórrido y desvergonzado quejido, que implora de nuevo vestirse del albor de tu sonrisa, al ornamentar el sigilo… con la danza de tus pasos.
-Como tizones, convirtámonos en el demencial sortilegio disfrazado de fuego. Perdona el desasosiego de mi sentir, renace en aquel Edén fecundado entre palabras, que visten la bondad de tu mirada. Renace, mi Dama…-.
----
No entiendo por qué mis palabras son tan escazas; me es casi imposible dedicar vagamente la brevedad de mis líneas. Más, me limito a decirte, entre esta ebriedad emocional que, muero por estrujarte entre mis brazos; confesarte cómo en silencio, me entrego al castigo de tu enerve presencia… sólo mediante sueños. Extasiada de anhelos, empiezo a nadar entre la espesa gama de estrellas que mis ojos fecundaron sobre el cielo para ti, tratando de encontrarte entre sus fugaces instancias, a la vez tan perennes y lejanas, tan abstractas como entornadas… tan sumisas, tan viles.
Permíteme ahogar mis besos en tus suspiros, colar mis labios entre el sigilo de tu voz; mientras hago de tu cuerpo el caudal de mi cariño. Siénteme. Percibe éstos noctívagos lamentos, vibrantes e insoslayables. Dormitante, leeré el verso de tu cuerpo, aquella fragua plagada de ignominiosas fantasías frente al que se deleite con el frenesí que sucumbe cada recoveco cautivo en el tiempo.
domingo, 24 de febrero de 2008
Perdoname... perdoname.
Analizando anécdotas como si se tratase de imágenes impresas con sentimiento, te pienso. Observo tus sonrisas, mientras acaricio tus mejillas tan sólo con percibir cómo llora el mundo, entre aquellos suplicios exhumados de seres exánimes, ¿Dónde estás, mi Dama? Escucha los siseos que mi todo grita por ti; me pregunto, ¿Cómo podría encontrar redención, del error que cometió el egoísmo de mi corazón?
Posa tu mano sobre mí, ¡Siente la fragilidad con la que me mantengo con vida! ¡Ven! Otórgame la brevedad de algunos instantes, sé que es tarde para postrarme en la ilustración que representan mis líneas para ser perdonada, pero… mi sentidos no conocen el tiempo, sólo padecen bajo el regazo de cientos de letanías cantadas por el letargo de tu ausencia. ¡Regresa! Recae de nuevo, sobre el regazo de mis brazos, permíteme articular el caudal de tu llanto, pues, he de ser el sendero delimitado por tus suspiros, ya que entre palabras… entre efímeros centímetros, trato de aproximarme a ti, con el propósito de agasajar lo que parece extenuarse entre la distancia, y las pésimas decisiones tomadas. ¡Perdóname!
Imposible de aceptar es el hecho de no saber de ti; ¿Cómo estás? ¿Qué disfraza la elocuencia de tus palabras? Por ello, me limito a, de forme leve y breve, tener la osadía de hacer estas letras cuán destajo de sentires tersos. Confieso que me arrepiento; más, no fui capas de hacerlo a tiempo; ¿Por qué te cuesta tanto entender, mi querido pétalo? –Una ráfaga de viento irrumpe nuestra inercia–, ¿Eh? ¿Escuchas lo que nos dice el silencio?
Mis músculos se tensionan. Empiezo a respirar con tanto ímpetu que mis brazos optan por desafiar el revoloteo de los pájaros, al buscar de forma poco usual, el calor con que vistes la perfección de tu ser.
“Mis trémulos dedos, mientras trascendentales instantes desgajan la veracidad del tiempo, no hacen más que buscar confort sobre éstas gélidas teclas, con las que mi tacto no crea frases sin que hallan sido dedicadas previamente a ti, en presencia de todo encanto que ose frecuentar la belleza de tu tez”.
Permíteme expandir los horizontes de tus te quiero. Entre mis palabras empiezan a desencadenarse, metáforas de lascivias pasadas, pues, ¿Podría algo con mayor deseo para alguien plasmar? Escucha los esbozos de tus gestos, quienes padecen en su propia ironía.
–Shh. Shh–. ¡Siénteme! ¡Perdona lo ineludible! –.
Huyes. Tal comportamiento no me extraña; más, sin otra opción, te busco. Son tus pasos, heridas; tus suspiros, hilos argentados de recuerdos, ¡Instantes perfectos!
…Es tarde. Es tarde para en suplicas mi voz desgajar. Perenne es el agobio que carcome cada recoveco eclipsado bajo el brillo de tu rechazo, ¿No ves como extingues los despojos de mi cuerpo? – ¡No me mates! No tu, portadora de estos versos–.
Sujeta mi mano. Acompáñame a la cuna del alba; aquel manto seducido por el roce de tu cuerpo; sonríe, permíteme acunarme en los vestigios de tu felicidad, desterrando de cielo… todo destello que pretenda opacarte. Irrumpiendo, energúmena y titilante, corrompes tanto lo que puedo sentir, como aquello que, con palabras, deseo disfrazar: el desdén de tu presencia.
–Perdóname… perdóname–.
sábado, 9 de febrero de 2008
(...) Y te tuve, entre sueños...
Marchitas mis ansias con el alba que representa aquella benevolencia que yacía en tus palabras. Tal rocío, fue marginado en los lamentos de alguno de tus tantos suspiros; – ¿Por qué asciendes mientras te espero? ¡No te marches, Lenore! –.
Cientos de perspectivas de mi mente fueron despojadas, con la misma veracidad con que pretendía confesarte cuánto deseaba que aceptaras, la fragilidad que desembocaba en la metáfora de aquella paradoja de sensaciones que me dedicabas. Nuevamente, preferí soñar que desprestigiar todo aquello que siento y deseo, en tan efímero momento.
Numerosos destellos penetraban la desolada presencia de nuestros cuerpos, a pesar del espesor de aquellas ramas que comprimían, el inoportuno traslado de pétalos tan marginados que, tan sólo con ser palpados, podría percibirse cuán adustos han de sentirse; ¡Pobres seres! Hojas secas danzaban en el viento, como si se tratase de tu liviano cabello, ornamentando con aromas, la esencia de dicho entorno. Mis pupilas, titilantes, imploraban cubrirse bajo el resplandor que, impetuosamente, osaba opacar la tenue luz del sol, al ser irrumpidas por tu belleza. Estupefacta, admirando la perfección que ha trazado la silueta de tu cuerpo, en compañía de la creación de la sinfonía de tu voz, sollozante ante ti, postrada en lamentos caigo; el cetrino silencio que mora en tal sepulcro, se opone a mi consuelo al evocar de aquella gloria, que representa tu boca, gélidas palabras que ya en sueños me habían sido profesadas. – ¡No calles, mi Dama! Omite tal eco de prorrumpidos siseos, y entrégate a la simplicidad de nuestros pensares y anhelos –.
–––No logro escucharte. No logro percibirte. ¿Dónde te encuentras, mi Lenore? Pues, no comprendo cómo aquello que de ti yace atrapado en el tiempo, permanece tan absorto en lo inerte… deliberando tus delirios–––.
Tan agobiante indiferencia parecía retornar la extinción de aquella quimera, llevándonos a los suburbios de lo que se considera prohibido… pues, delineando con mi tacto senderos sobre tu cuerpo, en la inexistente realidad me pierdo; ¿Ausentarás tus caricias en mi devoción? ¿Abandonarás el caudal de mi pasión?
Escazas son mis palabras… espero, te sean gratas, mi Dama. Fecundo para ti éstas líneas desde el candor que emana la presencia de tus plácidos recuerdos, en la breve instancia con la que me regocijo al sentirte en las caricias del viento.
– Aún me deleito con la danza de tu cabello, acoplada a la inherente comparación que te hacía sumisa a ser tan elegante y bella, como candentemente brillosa es la Luna; efigie de ángel caído. Aún, entre pesares y sueños, eres mi Plectro… Musa de mis lamentos –.
